Afortunadamente como ya habíamos mencionado, el docente debe ser capaz de integrar los elementos tecnológicos para su beneficio. Dentro de los desafíos que existen al momento de impartir cátedras en el aula, uno de ellos es generar curiosidad e interés por la lectura y la escritura. Es por eso que elementos audiovisuales como el audiolibro, vídeos, cortometrajes y películas se vuelven fundamentales para generar conexiones entre los alumnos y el contenido.
Consideremos además la gama de posibilidad que se abren al profesor para que potencie sus clases, en muchas escuelas es posible solicitar datas y notebooks, que hacen posible movilizar la sala de computación al aula. En los casos más extremos, donde los colegios no dispongan de estos elementos, el mercado ofrece proyectores a precios bastante económicos desde los 30.000 mil pesos hasta los 100.000 mil pesos, que pueden ser de fácil transporte para el docente. También debemos considerar que un profesor debe invertir adicionalmente en materiales, carpetas, plumones, y diversos elementos necesarios para hacer sus clases, esta adquisición podría considerarse una inversión a largo plazo tanto para potenciar sus clases, como para su economía, al no tener que utilizar tanto la pizarra, y al modernizarse tanto él como sus alumnos.
Creo que no es responsabilidad del docente invertir para el desarrollo de sus clases. A mi parecer, dicha labor debe provenir de una política estatal y no del bolsillo del docente. Habiendo una brecha tan amplia en todo sentido social sería más factible una política de recursos que sea transversal. En este punto igualmente se presenta una problemática comprendiendo que no todas las comunas presentan las mismas dificultades. El rol del Estado está graficado en la Constitución y la ausencia de su práctica nos presenta una enorme vulneración que incluso ataca al derecho a la educación
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